El vals, esa cosa importada

Julián Peralta. Foto: Iactus Fotografía.
Julián Peralta. Foto: Iactus Fotografía.

La estadística de Tandas Nuevas es notoria: apenas hay tandas de vals. Una, incluso, tiene cierta trampita, porque no es de un disco de los últimos 15 y ni siquiera 20 años. Y así como es muy raro encontrar un disco sin milongas, es habitual en cambio encontrarnos discos nuevos sin valses. Toparse con una discografía que incluya tres o cuatro es, directamente, un hallazgo.

¿Por qué esta generación le da tan poca bola al vals? Le hice informalmente esa pregunta a varios compositores el último tiempo. Hubo uno que señaló que su generación era heredera artística de Piazzolla y que Ástor apenas compuso uno, se lo dedicó a su mujer y no volvió a tocarlo después de separarse. Y claro, si tu guía musical no hizo valses, difícil seguir ese camino.

En una entrevista reciente repetí la pregunta, esta vez a Julián Peralta y Juan Serén. Esta fue su respuesta.

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A Julián Peralta no le gustan los valses. Él mismo lo reconoce. A Juan Serén, en cambio, cuando se le ocurre un tema nuevo casi siempre es en forma de vals y él hace el esfuerzo para correrlo del género.

“El vals no es un ritmo genuino de Sudamérica”, advierte Peralta. “Es una cosa que vino importada y como todo ritmo importado, tiene una limitación”, considera. Por pasajes, se pone técnico en su explicación: “todo lo que es en 3 (tiempos) en América no es en 3, sino en 6 (hace los sonidos, primero en negras, luego en corcheas)”.

“El vals es la derivación del vals vienés, puesto de moda en francia para el baile. llega como otras músicas mezcladas al tango, porque hubo otras músicas dentro del repertorio de las orquestas de tango. Algunas de esas músicas quedaron, otras no. El tango, el vals y la milonga se consolidaron como tales. Pero el vals es el que no tiene un origen real folklórico, entonces en un momento no tenés más qué hacer, sólo te queda adaptar esa cosa europea, vienesa, a la estética tanguera. Pero llega a un límite porque no lo podés profundizar más”, analiza Peralta, aunque reconoce que hubo quienes supieron salir airosos. “Por ejemplo, Salgán en un vals pone una división de blancas dentro de ese 3 que termina dando un 6/8 más grande, un 6/4, en ‘Romance de barrio’ Troilo acentúa en la negra con punto, lo que da esa sensación de que es más folklórico”. Y sintetiza: “todo lo que se parece más a vals peruano, que sí está en 6, es mucho más nuestro. todo lo que se parece más al vals vienés te da muy europeo. El tema está en cuánto te bancás eso, y en algunos instrumentos es más difícil de sostener”.

Para Serén, en tanto, al pensar las canciones lo primero que se le ocurre es un vals “porque es lo más sencillo”. El proceso, sin embargo, deriva casi siempre en otro ritmo. “Me molesta un poco ir a lo fácil, entonces me gusta sumar un vals, sí, pero tiene que tener alguna cosita desde la letra o algo que lo justifique como vals”.

“Igual acá te digo que no sé qué pasa con la nueva generación”, advierte Peralta. “Nosotros volvimos a hacer tango casi como una resistencia a la globalización y en ese contexto la cosa era tocar las cosas que son más nuestras, ahí el vals no nos sonaba demasiado”, recuerda. “Pero como todo, las generaciones cambian y capaz para esta época el tango ya no tiene que defender una cosa de identidad en este sentido”.

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